Pronunciamiento: Minga Indígena, Social y Popular: Por el respeto al Territorio, la vida digna y la Paz

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 Pronunciamiento  

Minga Indígena, Social y Popular: Por el respeto al Territorio, la vida digna y la Paz

7 de agosto de 2018

 Cali – Colombia

 

Ofrecemos a los espíritus mayores para que nos abra el camino. Pedimos fortaleza y sabiduría para dirigirnos al pueblo de Colombia, a nuestras familias y a quien nos escuche sobre la tierra.

Hoy, es inevitable sentir una gran alegría. Encontrarnos caminando con tantos compañeros de lugares tan distantes nos llena de felicidad y esperanza. Nos damos cuenta que en las luchas que por siglos hemos librado, también hemos aprendido a celebrar la unidad, la diversidad y el encuentro, así sea en las situaciones más adversas. Queremos empezar por reconocer esto: nos alegra estar aquí, con ustedes. Sin embargo, las situaciones que hoy nos convocan y nos permiten encontrarnos, no son motivo de celebración.

La historia nos pone de nuevo un viejo reto. Hoy atestiguamos el retorno en pleno del Uribismo al poder. No decimos que su proyecto político alguna vez haya desaparecido del panorama en las últimas dos décadas, todo lo contrario, sus principales características como la venta del país, el neoliberalismo, la desigualdad, el despojo, el paramilitarismo y el extractivismo, han perdurado sin mayores percances.

Hoy mismo se completa un ciclo para los sectores populares en Colombia, dimos la pelea y logramos alzar nuestras voces como hacía mucho tiempo no lo hacíamos, todo con un gobierno que, a pesar de su voluntad de desarmar a través de la negociación a la guerrilla más grande del país, no pudo comprender que es con las comunidades en los territorios que se construye la paz. La apuesta del gobierno que hoy termina fue desarmar las FARC sin generar cambios, bajo la promesa de una supuesta apertura democrática con los acuerdos;  nosotros acompañamos el proceso, consecuentes con nuestra vocación de paz y nutrimos con movilización nuestras reivindicaciones, siempre recibiendo una respuesta militar como primera reacción por parte del estado: vimos a los estudiantes movilizarse en multitudes, a organizaciones ambientales y agrarias luchar contra numerosos megaproyectos, a los maestros del magisterio y el movimiento sindical inundar las calles, junto a las organizaciones campesinas, afros y los pueblos de buenaventura y chocó, detuvimos las carreteras del país, reclamando nuestro derecho a vivir con dignidad.

Nunca fuimos tan inocentes de pensar que Juan Manuel Santos fuera el representante de la paz, su discurso, sus políticas y sus artimañas nos afectaron como procesos organizativos; sufrimos la estigmatización, los señalamientos, y nos quedamos con varias páginas de acuerdos incumplidos, de promesas rotas, sin contar que hoy entramos a la OCDE y a la OTAN. Por eso, ya dijimos en otra parte lo que aquí reafirmamos: con el cambio de gobierno vivimos la renovación de lo inmutable, el desprecio de los poderosos hacia la vida que perdura arraigada

El Uribismo en cabeza de Iván Duque Márquez recibe el poder estatal con su proyecto de muerte rediseñado, donde el desprecio adquiere en estos tiempos su rostro más macabro: el asesinato sistemático, las amenazas y la judicialización de líderes sociales, defensores de derechos humanos y ambientales. Las cifras son tenebrosas, pero no queremos reproducir ante ustedes fríos números que despersonalicen la realidad. Lo cierto es que a todos los demás los mataron por defender con dignidad los derechos de sus comunidades, por encarnar la voz que resiste ante la criminalidad institucionalizada.

Sabemos que detrás de los asesinatos selectivos lo que pretende el poder es debilitar los liderazgos que nacieron y se consolidaron durante el último ciclo de protestas, eliminar las bases de apoyo a las reformas que proponían los acuerdos de paz y generar un clima de guerra que legitime la necesidad de “Seguridad”. Recibimos amenazas, atentados e intimidaciones a diario, pero no tememos la muerte, tememos el silencio de Colombia.

Esta lógica asesina ha abonado el terreno para terminar de consolidar la idea de que tenemos que sufrir callados. El nuevo ministro de defensa habla de la necesidad de regular la protesta social y desde distintas orillas nos señalan tanto de guerrilleros como de colaboradores del gobierno. Las autoridades son señaladas, las comunidades estigmatizadas y las organizaciones satanizadas. Tanto la clase política y empresarial como los grupos armados paramilitares coinciden en reproducir el discurso que nos tilda de enemigos del desarrollo y el progreso. Hoy se instala un gobierno que defiende esas ideas y personifica sus intenciones de reprimirnos y anularnos.

La muestra más cercana y tangible de esta estrategia es la criminalización del ejercicio de liberación de la madre tierra. Muchos compañeros liberadores han sido asesinados y otros son perseguidos con intenciones de judicialización. Lo hemos repetido siempre: la liberación de la madre tierra es un ejercicio legítimo de las comunidades y un mandato espiritual. La liberación no es susceptible de negociación, pues está en la raíz de nuestro sentir, luchar contra el sometimiento perverso que se le hace a la madre tierra dadora de vida. Llevamos muchos años explicando que donde la agroindustria ve la forma de alimentar su codicia, nosotros sentimos nuestro espacio de vida.

El gobierno que hoy se posesiona en cabeza del presiente Duque, no debe desconocer la manifestación del pasado 23 de Junio donde más de 8 Millones de Colombianos y Colombianas, fruto del pluralismo de un movimiento social vivo con todas las capacidades de transformación, expresaron su anhelo de cambio y la firme convicción por defender sus derechos.

La clase política tradicional vuelve a estar unificada, pero su fuerza no es el misma de hace 16 años, pues lo que una vez fue el antagonismo con las Farc y la política de seguridad democrática, actualmente no encuentra un proyecto análogo.

Hoy solo los junta el temor de perder los privilegios de la corrupción institucionalizada a través del clientelismo y la búsqueda de mantener el aparato del estado para su propio beneficio, situación que presentará fisuras cuando los recursos públicos no les alcancen. Ya hoy vemos sus contradicciones internas con más cuatro acusaciones de la corte suprema de justicia contra Uribe, las cuales a lo largo de los años ya suman 276 según cuenta la misión de observación electoral; exigimos a Uribe, como a cualquier ciudadano que comparezca ante la justicia, y que

no utilice su poder, construido sobre la manipulación y la desinformación del pueblo colombiano, para evadirla.

Esto es una debilidad para el gobierno de Iván Duque, el cual busca desesperado un reemplazo a las Farc como enemigo público número uno, un antagonismo que logre cohesionarlos más allá de del reparto de los recursos públicos; para ellos el mejor escenario posible es la re-activación de la guerra, pues legitima su política belicista, aumenta la represión, la polarización y la dispersión entre los sectores populares, tal como lo demuestra el fomento que hace el establecimiento de las diferencias entre el pueblo Nasa y los Misak.

Es claro que el mayor temor de la clase política tradicional, es la fuerza cohesionada del movimiento social, quien debe acrecentar su capacidad decisión sobre los territorios, hacia una democracia real y participativa que trascienda lo electoral, fortaleciendo las distintas formas de participación ciudadana y luchando por constituir mecanismos más incluyentes. Nos sumamos a participar de la iniciativa popular contra la corrupción el próximo 26 de agosto, e invitamos a edificar la verdadera democracia que tanto anhelamos.

Por todo esto, nos movemos hoy en conjunto para expresar con determinación nuestro rechazo absoluto a este proyecto de país excluyente. Recordamos los motivos de nuestra Minga de Resistencia Social y Comunitaria de los años 2004, 2008, 2010 y 2013. Hacemos un llamado a la Unidad y los reafirmamos frente a todos ustedes, como lo hicimos en esa época, para tejer entre todos un país justo. Los ofendidos, las víctimas y los desplazados nos encontramos para decirle no a las leyes del despojo: no a la reforma de la ley de tierras, no a la reforma tributaria, no a la destrucción de los acuerdos de La Habana, no a la Alianza del Pacífico (el nuevo ALCA), la Otan, la OCDE y no a la persecución de las organizaciones sociales. Como siempre lo hemos hecho, caminamos la palabra contra el discurso guerrerista del gobierno, así como de otros grupos armados y nos declaramos en defensa de los acuerdos de paz y en defensa del derecho legítimo a la protesta social.

Ahora, estamos aquí, reunidos, actuando con el espíritu de la comunidad y del pueblo colombiano. Esta movilización y estos pasos decididos producen un murmullo como de río que crece. Venimos a manifestar nuestro descontento y a hablarle a aquellos quienes han asumido la vida con entereza. Aunque quieran apretarle el cuello a las expresiones sociales que persisten, sabemos que con nosotros sucede como con los ríos: llega el momento en que la madre naturaleza rompe fuente y la fuerza vital que una vez se contuvo, se desborda reclamando lo que le han quitado. La fuerza nuestra está en la tierra, donde se siembra el ombligo y de donde parte nuestro caminar en espiral. En la madre tierra habitan los seres que por milenios nos han dado vida y voluntad para resistir, para seguir sembrando nuestros conocimientos y conservar nuestro respeto por la vida.

Llenos de cariño y humildad, llamamos solidariamente, a la reactivación de la movilización social, y convocamos a todos los sectores populares a seguir tejiendo una agenda colectiva, por los cambios necesarios para evitar el retorno a la guerra, y por la fuerza de nuestros sueños para construir alternativas de vida, seamos todas y todos liberadores del pensamiento, del corazón y de la madre tierra.

Cuenten con nosotros para la paz, nunca para la guerra

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