PRONUNCIAMIENTO ANTE DECLARACIONES DE ASOCAÑA

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29 de abril de 2018
Sin mucha sorpresa leímos la carta dirigida por Asocaña, en cabeza del joven Juan Carlos
Mira, al candidato presidencial Gustavo Petro avalado por el movimiento político MAIS, en
la cual asegura que, en pocas palabras, la agroindustria de la caña está salvando el planeta.
Con los mismos datos engañosos de siempre (a pesar de vanagloriarse de promover el
“rigor y la claridad”), sostienen que los grandes señores de la caña no solo se hacen
inmensamente ricos a costa del despojo, sino que de paso han conservado cientos de
hectáreas de páramo y cientos de yacimientos de agua; construido decenas de escuelas y
creado miles de empleos dignos. También agrega el documento -con elocuencia, por cierto-
que el verdadero problema son los indígenas que no han parado de invadir, hostigar y
destruir la propiedad privada. En otras palabras, los cañeros no han sido en la historia de
Colombia nada distinto que los más desinteresados generadores del progreso, nobles
víctimas de la agresión irracional de unos indígenas enemigos de la sacrosanta propiedad
privada.
Tampoco nos sorprendió que al presidente de Asocaña le parezca apenas natural que su
pujante industria cuente con 250.000 hectáreas sembradas de caña solo en el norte del
Cauca, acaparando fuentes hídricas, fumigando indiscriminadamente con peligrosos
agroquímicos, erosionando la tierra más fértil del suroccidente con el monocultivo,
destrozando la fauna endémica. Le parece adecuado que el 40% de la superficie del norte
del Cauca le pertenezca a menos del 1% de los propietarios (según la Universidad Javeriana
de Cali), precisamente la parte más fértil de la región. Sin titubear afirma que las
comunidades indígenas del norte del Cauca poseen más de 100.000 hectáreas, de las cuales
aprovechan solo el 10%; pero por alguna razón olvida precisar que de ese número 25.000
hectáreas son de reserva forestal, otras 9.000 son páramos y más del 60% de la tierra
restante tiene una pendiente superior a 40% que no permite desarrollar actividades
agrícolas. Dicho de otra manera, al señor Mira le parece muy sencillo comparar la tierra de
Perico Negro en Puerto Tejada con Valles Hondos en Jambaló o El Credo en Huellas,
Caloto.
De paso, los cañeros, en su afán por hacernos ver que son la respuesta a los problemas de la
desigualdad y el subdesarrollo de hoy, pretenden olvidar la historia de sangre y despojo
que tiñe sus manos. Sólo recordemos lo que dijo Ricardo Holguín, terrateniente, cuando
llegó a robarse las tierras planas del norte del Cauca a principios del siglo XX: “somos los
dueños y nuestras cercas son nuestros títulos”. Quienes se rasgan las vestiduras por la
propiedad privada, son herederos del pillaje y el latrocinio de las tierras ancestrales de
comunidades indígenas y negras. La buena salud del sector económico cañero se ha gestado
con sangre y destierro. Puede que a los señores de la caña ya se les haya olvidado, pero
nosotros conservamos una memoria milenaria, que está escrita sobre la tierra.

Por otro lado, tampoco nos sorprendió que Asocaña considere trabajo digno o, como ellos
lo llaman “empleo formal y de calidad” las condiciones laborales de miles y miles de
corteros de caña, que viven en la pobreza más denigrante, pues no solo están obligados a
trabajar para otros la tierra que una vez les perteneció, sino que también se encuentran
atrapados en la dependencia, subcontratados y tercerizados, como los cañeros gozan llamar
la esclavitud moderna. Muchos de nosotros somos corteros que al mismo tiempo luchamos
por alcanzar una vida digna. Pero la respuesta de la agroindustria sigue siendo la misma:
vivan de las migajas.
Tampoco nos sorprende que don Juan Carlos no se sonroje al decir que el bioetanol evita el
cambio climático y al mismo tiempo se olvide de los miles de hectáreas de caña que
queman en su proceso productivo, enviando a la atmósfera todo el dióxido de carbono que
supuestamente nos ahorramos con su preciado biocombustible. Además, resulta llamativo
que cite los beneficios del biocombustible y las increíbles prebendas para su producción
acordadas como “política pública”, así como si se tratara de algo que le cayó del cielo a los
cañeros, desconociendo, por descuido quizás, su propia obra en la creación de estas mismas
políticas públicas.
Por eso sabemos que Asocaña no se dedica únicamente a salvar el planeta produciendo
azúcar y bioetanol, sino que también tiene un papel determinante en la política colombiana
y grandes intereses en mantener las cosas tal y como están.
Tampoco nos sorprendió el señalamiento que nos hacen de no solo desaprovechar las
supuestas decenas de miles de hectáreas fértiles de tierra que poseemos, sino que las pocas
que sí se trabajan están sembradas con cultivos de uso ilícito. Sería interesante preguntarnos
cómo el negocio del narcotráfico ha permitido amasar las fortunas de muchos de los que
hoy posan como prístinos empresarios de la caña. Nos señalan por el problema de cultivos
de uso ilícito en nuestros territorios, pero se olvidan al mismo tiempo de reconocer su
responsabilidad al insertar esta dependencia entre nuestras familias y se hacen de la vista
gorda con los demás eslabones de la cadena productiva. ¿Dónde terminará todo el dinero
del narcotráfico? No hay que buscarlo en las montañas del Cauca, sino en los bancos y en
los clubes de las ciudades capitales.
Por otro lado, encontramos en esta carta que la agroindustria de la caña se define a sí misma
como un “modelo [de desarrollo] que ha mostrado ser exitoso”. Al leerlo, lo primero que
nos preguntamos, perplejos, fue: ¿exitoso para quién? Exitoso para don Juan Carlos, para
don Ardila, para los Holguín, para los Eder, para los Cabal… este modelo, por el contrario,
ha sido nefasto para los sectores populares. Es muy bonita la lista de beneficios sociales que
se atribuyen los cañeros y que exhiben con notable orgullo, mostrando toda su
responsabilidad social empresarial, toda su consciencia ambiental. Nos inquieta realmente
lo que está en el fondo de todos estos maravillosos beneficios. ¿Por qué precisamente en
esos municipios donde dicen que su presencia ha mejorado los índices de calidad de vida, el
índice de GINI que mide la desigualdad de la distribución de la riqueza es de los más altos(según el Centro de Estudios Estratégicos Latinoamericanos)? Quizás porque ese es el
verdadero significado del desarrollo, un océano de caña que no se puede comer donde antes
había fincas tradicionales, inmensamente diversas, con animales, frutales y vegetales. Un
modelo exitoso para hacer dinero y concentrarlo a partir de la destrucción, no un modelo
para la vida, la diversidad y el sustento de todos.
En otras ocasiones el señor Mira se ha tomado el atrevimiento de querer explicarnos
nuestros mandatos espirituales. Alguna vez dijo en un medio nacional que la liberación de
la madre tierra era “un mandato mal entendido”. Los compañeros de la liberación ya le
respondieron con mucha dignidad, pero ahora nos permitimos recordarle un par de cosas.
En primer lugar, la liberación de la madre tierra es un mandato espiritual y un ejercicio
legítimo de las comunidades. Creemos nosotros que quizás ha sido usted quien todavía no
ha podido entender la relevancia de la tierra para nuestro proyecto de vida y para nuestra
pervivencia como pueblo. Pero no lo culpamos, sabemos que usted solo ha visto a la madre
tierra como esa cosa de la cual hay que sacar ganancia y a la cual hay que “poner a producir
de forma eficiente”. En segundo lugar, queremos invitarlo como presidente de Asocaña a
no generar más estigmatizaciones contra nuestras comunidades y a no desinformar con
fines políticos en este ambiente electoral; le recordamos que las ideas implícitas en su
discurso son reproducidas por aquellos sectores violentos que a diario nos amenazan como
enemigos del desarrollo y nos tildan de subversivos.
Finalmente, como lo hemos hecho a lo largo de nuestro proceso organizativo, invitamos de
nuevo a un diálogo franco, sin señalamientos y libre de la sombra de la violencia, con cada
uno de los sectores económicos del norte del Cauca y el suroccidente colombiano, así como
con el gobierno nacional, para continuar en el camino de la construcción de un país con
justicia social y respeto a los derechos colectivos.
Somos pueblos milenarios que construimos paz desde las bases en los territorios.
Cxhab Wala Kiwe – ACIN

Descarga el pronunciamiento aquí
Pronunciamiento ante declaraciones de Asocaña

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