Posición política de Cxhab Wala Kiwe –ACIN frente al rearme de un sector de las ex FARC – EP

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Posición política de Çxhab Wala Kiwe –ACIN frente al rearme de un sector de las ex FARC – EP

Los mayores de las comunidades dicen que ustedes patinan y patinan en el mismo barro, y se hunden cada vez más.

Las 22 autoridades indígenas ancestrales y los 7 Thu’thenas we’sx que componen la Asociación de Cabildos Indígenas Cxhab Wala Kiwe – ACIN en representación de sus planes de vida, reafirmamos el pronunciamiento del CRIC y el comunicado firmado por nosotros, junto con otras organizaciones a nivel nacional el pasado 30 de agosto. No obstante también queremos posicionar ciertos elementos que son de suma relevancia, teniendo en cuenta que nuestros territorios han sido espacios históricos de disputa en esta guerra sin sentido.

Reconocemos y denunciamos al gobierno nacional como el primer responsable de esta situación de paz frustrada en el País, con sus embates contra la JEP, el incumplimiento de las 16 curules para las víctimas, los 758 líderes sociales y 150 ex combatientes asesinados hasta el día de hoy y el incumplimiento con la integralidad de los puntos del acuerdo de paz, en especial el capítulo étnico. Reconociendo que el gobierno en representación de la oligarquía colombiana, quiere la guerra, la necesita, la propicia, la impone y se beneficia de ella. 

También entendemos y comprendemos todos los factores estructurales, históricos, sociales, económicos y políticos que están en las causas de este conflicto. Pero entendemos también que hacer la guerra no es el resultado mecánico de estas condiciones, ni del incumplimiento del estado, sino el resultado de una decisión política y estamos en total desacuerdo con la decisión tomada por parte de este sector de las ex – FARC, que consideramos de todas la más equivocada, y rechazamos rotundamente la utilización de imágenes o de cualquier referencia a nuestras mingas o luchas indígenas milenarias, en sus videos o pronunciamientos.

Así mismo, en cumplimiento de los mandatos orientados por la sabiduría de nuestras comunidades, rechazamos a todos los actores en armas y nos declaramos en contra no solamente de la presencia de esta y otras guerrillas, así como del ejército en nuestros territorios, sino en contra de la guerra en todas sus dimensiones. Esto porque la hemos vivido en carne propia, más allá de los últimos 50 años, durante más de 5 siglos que llevamos soportándola, incluso cuando fue inevitable que nos tocara meternos directamente con ella.

¿Qué resultados favorables ha dejado la lucha armada que ustedes abanderan tan obstinadamente? Con certeza podríamos decir que ninguno, los mayores de las comunidades dicen que ustedes patinan y patinan en el mismo barro, y se hunden cada vez más, crímenes contra nuestras comunidades, agresiones y asesinatos por parte de sus milicianos y sus combatientes, en el que jamás olvidaremos el 10 de julio de 2011 en Toribio y Corinto día de mercado con 400 viviendas destruidas, 3 comuneros asesinados, ningún respeto al DIH. 

Esto no quiere decir que estemos del lado del gobierno, tal y como lo han enunciado por tantas décadas para legitimar sus asesinatos, pues a cualquier persona le bastaría solamente echar un vistazo a los titulares de los medios de comunicación, para saber que la política del CRIC y la ACIN no es proclive al estado. 

Sin ánimo pendenciero, nos preocupa la vuelta a la guerra en nuestros territorios, pues ustedes no entienden que en Cxhab Wala Kiwe no le están disputando el poder al Estado colombiano, sino que por el contrario, le están disputando al movimiento indígena sus semillas de poder popular, su derecho a gobernarse y su ejercicio de libre determinación. 

Estamos en total desacuerdo con la necesidad y la utilidad actuales de la guerra, pues sabemos que el verdadero poder está en la lucha civil, masiva, directa, comunitaria, en montonera, que es el modo demostrado de hacer las cosas mucho más efectivo y eficaz para consolidar un poder popular alternativo y modos de vida más inteligentes, donde sea la comunidad la que decida sobre las formas de lucha, y donde un modelo distinto con sistemas propios de economía, justicia, educación, salud y bienestar estamos construyendo. 

La guerra es una enfermedad crónica con dolor y muerte injustificada, que solo beneficia a la oligarquía de este país, quienes vieron con preocupación como en la última década durante el proceso de paz, crecieron los paros, las marchas, los movimientos sociales de género, estudiantiles, campesinos, afros, urbanos, sindicales, indígenas, ambientales, así como las plataformas y las organizaciones sociales, frente a las que necesitaron solamente que volviera un pretexto, como el que ustedes le están dando, para seguir estigmatizando, matando, desarticulando y avasallando cualquier proceso de cambio. 

Nos preguntamos si las disidencias que tanto dicen continuar la lucha de las FARC – EP van a honrar el compromiso firmado en La Uribe, el 21 de febrero de 1989, por Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Raúl Reyes y Alfonso Cano, entre otros comandantes de “Respetar los lineamientos organizativos de las comunidades indígenas: unidad, tierra, cultura y autonomía; reconociendo las comunidades autónomas organizadas, sus autoridades, sus guardias, su vida, su cultura, su lengua propia y su digna lucha, o si por el contrario, seguirán considerando objetivo militar a todo el que no comulgue con la guerra o el narcotráfico, obrando sin nada que los distinga de los enemigos que dicen combatir.

Rechazamos rotundamente a los actores en armas y les exigimos parar de una vez por todas los asesinatos, las amenazas e intimidaciones, pues toda guerra tiene límites y no somos los de abajo los culpables o victimarios, seguimos siendo víctimas de unos y de otros, dado que el combustible oligárquico es la guerra contra la inmensa mayoría que en este momento, se focaliza contra las zonas donde existen mejores niveles político-organizativos, de resistencia y reclamo, como la nuestra.

Responsabilizamos y exigimos nuevamente al gobierno nacional a que cumpla con lo pactado, en especial el capítulo étnico, que hace parte del bloque de constitucionalidad; y convocamos al ministerio público y las organizaciones de derechos humanos de nivel nacional e internacional a visibilizar nuestro proceso de lucha organizativa, política y social pacífica, así como estar atentos frente al plan de exterminio en contra de nuestro pueblo nasa del norte del cauca y demás sectores sociales de Colombia. 

“Cuenten con nosotros para la paz, nunca para la guerra”

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