Continúa la ola de violencia en el Norte del Cauca.

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Continúa la ola de violencia en el Norte del Cauca.

 

En la mañana del día de  ayer 28 de Noviembre, justo cuando las comunidades indígenas nos preparábamos para la gran Minga social y popular en la toma de las ciudades capitales, a eso de las 4 de la mañana fueron asesinados dos comuneros pertenecientes a la vereda la Laguna Resguardo Indígena de Tacueyó, municipio de Toribio, Cauca. Los comuneros se encontraron en el sector los Cajones y se trata de la señora Gladis Rivera de 32 años de edad, quien se desempeñaba como presidenta de la vereda la Laguna y su compañero Henrry Ulcué Finscue de 35 años. En éste momento el caso está siendo atendiendo por las autoridades indígenas de Tacueyó.

Esto sucede 2 años después de la firma de los acuerdos de paz. El 24 de Noviembre de 2016, el ex-presidente Juan Manuel Santos y el máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, pusieron oficialmente su firma de paz. Se suponía que ello marcaba la terminación de una guerra donde alrededor de 13.000 combatientes se desmovilizaron, entregaron sus fusiles y se integraron en un partido político. Pero el sentido último de los acuerdos consistía en impulsar una transición profunda, y una nueva etapa de convivencia que, al menos en el campo colombiano, sigue pendiente. Cada organismo maneja sus cifras, pero la gran mayoría coincide en que desde ese día se han perpetrado más de 200 asesinatos de líderes sociales y defensores de los derechos humanos. Esto es, casi uno cada tres días. Según el cálculo de la Defensoría del Pueblo, entre el 1 de Enero de 2016, en plena fase de negociación, y el pasado 22 de Agosto, las víctimas mortales ascendieron a 343.

Naciones Unidas y la Unión Europea, que han acompañado el proceso de implementación de lo pactado con las FARC, han denunciado este sábado que, pese a los indudables avances, la paz, real y tangible, aún queda lejos. Las dos instancias lamentan en un comunicado conjunto “la situación de violencia que siguen viviendo regiones como el Catatumbo, Nariño o el Cauca donde […] las comunidades carecen todavía de garantías fundamentales”.

Las comunidades indígenas también somos víctimas de la política del narcotráfico. Pues el narcotráfico no es un delito conexo con el político, es una actividad inmersa en la política. Así sucede desde que Richard Nixon declaró la llamada “guerra contra las drogas”, según lo reveló su asesor de política interna, John Ehrlichman, en una entrevista con el periodista Dan Baum, publicada en Harper’s Magazine. En ella revela como el narcotraficante ha sido usado por el poder como estrategia de degradación social, criminalización y legitimación de intervención militar sobre sectores sociales que representan un peligro potencial para la acumulación de capital. Sin mencionar que el narcotráfico es en sí ya un gran negocio.

Rechazamos los grupos armados, quienes no entienden que nuestro pensamiento es semilla de vida y armonía, luchamos incansablemente contra su agresión sistemática, su exterminio de la palabra, de la Madre Tierra. Frente a las incapacidades de las instituciones competentes afiancemos nuestras autonomías de gobierno territorial, los derechos humanos y la paz, con el propósito de seguir tejiendo nuestros sueños del WËT WËT FXI’ZENXI (buen vivir) para toda la nación colombiana.

Invitamos a los organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas – ONU, Organización de Estados Americanos – OEA, Comisión Interamericana de Derechos Humanos – CIDH a las embajadas, gobiernos y organizaciones de la comunidad internacional para que sigan visibilizando, denunciando y acompañando los procesos territoriales del pueblo Nasa del Norte del Cauca y todos quienes en Colombia seguimos padeciendo los dolores de la violencia.

“Cuenten con nosotros para la paz nunca para la guerra”

 

Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca – ACIN
Çxhab Wala Kiwe, Territorio del Gran Pueblo

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