Viernes, 23 de Julio de 2010 15:19
Al agradecerles la carta de despedida que me envían y que hicieron pública, reconozco que hay tanto recogido en esas palabras, que no va a ser posible responder a lo que acumula con justicia y de manera suficiente. Sin embargo, expresa un “espíritu” que me conmueve y me inspira a responder para honrarlo en sus términos. Por eso comienzo con la sabiduría de la conclusión, en la que me invitan a quedarme con la amistad y la gratitud para seguir sin resentimiento ni amargura. Esto, se los debo, se lo debo al pueblo Nasa, a todas las comunidades, al proceso, a ustedes y a todo lo que allí y desde allí se ha construido y viene madurando. Esto lo prometo, frente a ustedes, a mi mismo de todo corazón. Se los debo. He aprendido tanto, he descubierto tanto allí, entre ustedes y ese pueblo ejemplar, que es precisamente distanciarme de lo que pudiera seguir descubriendo a diario, lo que más me duele. Vivir en el Norte del Cauca es, ante todo una oportunidad y el privilegio de compartir con un pueblo en y de su territorio, cuya historia y experiencia conmueve y convoca al compromiso. Soy yo el que da las gracias. Son ustedes los que me hacen falta.